El río está contaminado
La contaminación del río se ve en la inmensa mancha que se
extiende a lo largo de la ribera bonaerense, alimentada por la carga de más
de veinte arroyos entubados y desagües pluviales.
“El arroyo Medrano arroja su caudal detrás de la Ciudad
Universitaria por el conducto Ugarteche que descarga frente a Aeroparque,
donde está la toma de Aguas Argentinas. ¡Hay que ver lo que flota! No son
margaritas precisamente”, dice el geólogo
Carlos Vigil.
Los líquidos cloacales en crudo deberían ir a parar a 2
kilómetros y medio de la costa de Berazategui. “Como el sistema
cloacal ha sido superado por el crecimiento demográfico, proliferan las
conexiones laterales de las colectoras con la red pluvial y los arroyos
entubados que descargan en la costa. Entonces hay desbordes e inundaciones,
no se puede nadar ni pescar. Lo que debe solucionarse es la descarga
cloacal, eso es lo que no se toca”, afirma Vigil.
“La carga cloacal del río estrecha el cerco y deben
extremarse los recaudos. Esto requiere grandes dosis de cloro. Pero el
problema mayor es que los elementos orgánicos presentes en el agua (y que
persisten luego de que la cloración elimina las bacterias) al combinarse con
el exceso de cloro pueden generar trihalometanos, compuestos
considerados cancerígenos”, señala el
ingeniero Sergio Deambrosi..
Epidemiólogos y expertos en salud ambiental se preguntan qué
sucederá con la salud de los ciudadanos, obligados a beber agua potable con
contenido desaconsejable en compuestos organoclorados (formados a partir del
tratamiento de agua con cloro), fluoruros, restos de agua con fertilizantes
y herbicidas, en potencia cancerígenos, amianto, aluminio, y metales
pesados como el mercurio o el plomo disuelto de las cañerías viejas.
Nada mejor que el agua si se tiene sed. Por eso, una buena
solución es conectar un purificador de agua a su canilla que, además
de garantizarle agua pura, le resulta de un costo mínimo.
Juana Fantín
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